MEDITACIONES
PARA EL AÑO LITÚRGICO
Guía
didáctica apropiada para
Sacerdotes, Religiosos y Catequistas.
RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
– Ciclo B –
MISA DEL DIA
Con la Virgen María, meditamos el primer misterio glorioso del Rosario. Cristo ha resucitado, esto es, ha cumplido su palabra, ha vencido sobre el pecado y la muerte. Con María, adoramos a su Hijo resucitado.
PRIMERA LECTURA. Hechos de los Apóstoles, 10, 34ª. 37-43.
Los apóstoles, testigos de la vida de Cristo.
Los Apóstoles son testigos de la vida de Cristo
desde que Juan predicaba el Bautismo. Son testigos de la vida de
Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la
fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los
primidos por el diablo, porque Dios estaba con Él.
Los apóstoles, testigos de la resurrección de Cristo.
Han sido testigos de la muerte de Cristo en la Cruz
y, ahora lo son de la Resurrección. Dios
lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo,
sino a los testigos que él había designado; a nosotros, que hemos comido y
bebido con él después de su resurrección.
La misión de los apóstoles.
Jesús confía a los apóstoles predicar al pueblo dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él, reciben por su nombre, el perdón de los pecados.
La resurrección de Cristo confirma definitivamente
la misión y la palabra de Jesús. Porque Cristo ha resucitado, creemos que
Él es nuestro Salvador.
Invocación mariana.
María: Tú eres testigo excepcional de la vida, muerte y resurrección de tu Hijo desde Nazaret. Enséñanos a dar testimonio de Cristo en todos los ambiente. Nuestra fe se fundamente en la certeza de la Resurrección de tu Hijo y en la fuerza del Espíritu Santo que nos ha sido dado.

SEGUNDA LECTURA. Colosenses, 3, 1-4.
Hemos resucitado con Cristo.
Hemos resucitado con Cristo porque hemos pasado de
la muerte del pecado a la vida de la gracia. Es el Sacramento del Bautismo
el que nos ha hecho participar de la muerte y de la Resurrección de
Cristo. La gracia sobrenatural nos hace partícipes de la alegría de la
resurrección.
Hemos de buscar los bienes de arriba.
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Hemos de vivir en Cristo para participar de su gloria.
Buscamos los bienes de arriba cuando orientamos
nuestra vida hacia la salvación y todo lo subordinamos a ella. Esto
supone: vivir en gracia santificante, crecer en ella por los sacramentos,
la virtud sobrenatural, la oración, el sacrificio… en nuestro estado de
vida.
Invocación mariana.
María: Tú eres la llena de gracia, por eso, participas privilegiadamente de la resurrección de Cristo en tu alma y en tu cuerpo. Enséñanos a ser fieles al don de la gracia que hemos recibido para orientar nuestra vida con Cristo hacia la santificación y la salvación.
TERCERA LECTURA. San Juan 20, 1-9.
Los primeros testigos de la Resurrección.
El primer testigo de la resurrección de Cristo es María Magdalena que visita el sepulcro del Señor al amanecer y ve quitada la losa del sepulcro. Ella transmite la novedad a los discípulos.
Pedro y Juan corren al sepulcro. Ven
las vendas en el suelo y el sudario con que le
habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado
en un sitio aparte.
La fe de los apóstoles.
Entonces, los discípulos ven y creen que Cristo ha
resucitado. Las mentes se les abrieron y entendieron la Escritura y la
misma palabra de Jesús: que Él había de resucitar de entre los muertos.
Nosotros nos postramos con los apóstoles, contemplamos a Cristo
resucitado y lo adoramos.
Invocación mariana.
María:
Tú eres testigo excepcional de la resurrección de tu Hijo. Pensamos,
justamente, que eres la primera a contemplarlo y adorarlo. Enséñanos a
vivir centrados en la Resurrección de Cristo, clave y fundamento de
nuestra fe. Enséñanos a ser portadores de la certeza y de la alegría de la
Resurrección.

